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DESDE EL VESTIDOR...
Oncetitular.com / Por: @Yaroslav_Toto

Fecha de Publicación: 2013-02-05

León, Gto:

EL TEMOR…

¿Te consideras una persona libre? Lo más probable es que sea así. Pero, quizá en lo más recóndito de tu pensamiento, te hagas esta pregunta: “¿Soy realmente libre?”…

Muchas personas no están viviendo en libertad; están atadas por cadenas invisibles que les impiden alcanzar su pleno potencial. Estas cadenas están constituidas por ataduras que han sido fundidas y formadas en las llamas del temor.

Una vez que esta devastadora emoción se apodera del corazón de una persona, es difícil romper sus ataduras, pero puede lograrse. Aunque la garra del temor es fuerte, no es más poderosa que la fuerza de nuestro corazón.

El temor ataca sin avisar. Nos tienta a creer cosas que no sucederán, o que no pueden suceder, y nos deja sintiéndonos inútiles y sin esperanza. Cada día, somos bombardeados con palabras y mensajes que tienen la capacidad de provocar sentimientos de temor y turbación dentro de nosotros.

Es muy cierto que cada uno de nosotros enfrente ciertas dificultades, pero el verdadero problema comienza cuando permitimos que nuestra mente se desvíe y que nuestro corazón se atemorice.

Es tan fácil tener miedo sin advertencia alguna. Al ser confrontados con un gran obstáculo, podemos ser apoderados por el temor, gran enemigo del hombre, enemigo de su progreso, que agita su paz y armonía, minando poco a poco su vitalidad y energía, produciéndole una gran debilidad.

Aquello que hace del temor algo tan poderoso, es el sentir y creer que nada hay más verdadero que el temor. En este estado, cualquier justificación parece la más absoluta y correcta para mantenerlo con vida.

Al creer que no hay nada más seguro y probable que el temor especifico que se está sustentando en el interior, se achica la visión del alma para su propia expresión, porque se mire donde se mire, en cualquier rincón y en cualquier esquina está ese temor acechando listo para atacar y herir por la espalda.

“El temor no es una opción”. Estas palabras me hicieron meditar con intensidad. Si el temor no es una opción, ¿entonces qué opciones tenemos?.

Podemos permitir que el miedo controle nuestra voluntad y nuestras emociones, o más bien, dejar que la paz de Dios gobierne nuestro corazón y nuestra mente.

Por lo tanto, es muy importante que cada uno de nosotros fortalezca la mente con el valor y la paciencia. La valentía, el coraje y el aplomo serán un gran soporte cuando se atraviesen todos los peligros. Así como una roca permanece firme en la orilla del mar sin ser afectada en lo más mínimo cuando las olas se estrellan contra ella, así también el hombre dotado de valor no es afectado por las peligrosas y obscuras olas de este enemigo.

Ser amante del temor genera una pasividad y atención que pocas cosas pueden darle al ser humano. La pasividad de estar en ese temor como quien está quieto en medio del mar esperando descubrir de donde va a nacer la ola antes de que lo haga y como nadar con ella sin ahogarse. Y la atención necesaria para vivir en esa pasividad de manera atenta, ¡no alerta!. Porque el temor no es una constante. El temor es solamente otra forma de vivir la alegría, el odio, la tristeza, el deseo; no hay diferencia. Todo ello nace del mismo centro.

No tiembles a la hora del peligro. No te sientas avergonzado ni perplejo. No te agobies por la desesperación…. Sonríe a los cuatro vientos, sonríe ante todos los peligros y apuros y adversidades, y créeme que será más fácil obtener la victoria.

El temor es ilusorio, no puede durar. El valor es eterno, no puede morir.

De esta manera, no solo uno se transforma en un domador de dragones internos, sino que uno se hace amigo y amante de su propio temor y encuentra un tesoro de enseñanzas en el corazón mismo de esa sombra. Se aprende a aceptar el miedo, se aprende a tomarlo como a un consejero, se aprende a escucharlo, se aprende a entender cuando el miedo dice: ¡retirada!, y cuando dice, ¡al ataque!, se aprende a saber cual es el momento correcto de atacar y cual es el momento correcto de retirarse, se aprende a pedir ayuda o a permanecer en soledad, se aprende a quién pedirle ayuda según las diversas circunstancias y se aprende a dejar de pedirle ayuda a personas que, incluso con la mejor de las voluntades, resultan inútiles para dicho pedido.

En muchas ocasiones, todos nos hemos paralizado por temor al fracaso. Por ese temor que surge de la confusión o de pensar en la posibilidad de obtener el resultado no deseado.

Hace tiempo leí una frase que no se me ha borrado de la mente y que aplico constantemente en el fútbol, “Es mejor intentar algo y fracasar, que dejar de triunfar por temor a fracasar!”. Y cada vez que la recuerdo pienso que tengo dos opciones, “Te mueves o te quedas donde estas”.

Nuestros temores están solo en nuestra imaginación y si podemos vencer esos pensamientos negativos y de derrota nos ponemos en un lugar de poder. Un lugar donde nada es imposible, donde podemos lograr lo que nos proponemos.

No es casualidad que tengas el deseo apasionado de algo que quieres hacer. Todos nacemos con un propósito y de ahí sale nuestra pasión. Tienes que tener fe de que ese deseo nació contigo y si nació contigo es porque es posible. Si otros lo han hecho, ¿por qué tu no?. Convéncete de que lo puedes lograr y asegura que ninguna duda entre a tu mente. Cada vez que te llegue una duda bórrala totalmente y háblate a ti mismo del por qué tu saldrás adelante.

¿Y si al intentar algo, te va mal?…

No serás la primera ni la última persona que experimente esto. El próximo paso es seguir intentando como lo hizo Thomas Alva Edison. Él tenía su idea pero fueron más de 1000 veces que lo intentó para poder crear lo que es hoy es el foco; ó como Abraham Lincoln que perdió 8 elecciones antes de ser elegido como presidente. Entonces que a ti te vaya mal 2 o 3 veces… ¡Gran Cosa! ¡Sin temor, sigue intentando!

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